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FLOR DE MAYO

Es bajo el peso de un dolor incontenible

que pronuncio,

con la voz aún temblorosa,

este Adiós.

 

No el Adiós que nace de la voluntad,

sino aquel que se impone

como la única posibilidad de permanecer en mí.

 

Porque estar contigo,

Flor de Mayo,

ya no es encuentro,

es desgaste,

es la lenta disolución de lo que soy.

 

Hay en mí una fatiga de sentir,

un agotamiento silencioso

que se desliza por los días

como una sangre invisible.

Y mi corazón,

que antes florecía en tu presencia,

hoy apenas resiste,

herido,

cansado,

casi exhausto.

 

No puedo, Flor de Mayo,

ofrecer al sufrimiento

lo que aún queda de vida en mí,

como si amar fuera soportar

aquello que me destruye.

 

Hubo, sí,

momentos que guardaré,

instantes densos, luminosos,

en los que todo parecía suspendido,

como si el tiempo, por delicadeza,

se hubiera detenido para nosotros.

 

Pero también hubo

las ausencias que no se explican,

los silencios que hieren,

las fisuras de una verdad

que jamás se sostuvo entera.

 

Tú afirmas no estar ligada a nadie,

Flor de Mayo,

pero los gestos,

las entrelíneas,

los intervalos de tu presencia

revelan otra historia,

una historia en la que yo nunca fui completa.

 

Y es en ese desencuentro

entre palabra y realidad

donde el dolor se profundiza

y se vuelve insoportable.

 

Ser colocada al margen,

ser casi, nunca plenamente,

es una forma sutil de borramiento,

y ya no puedo habitar ese lugar.

La elección parece tuya,

 

Flor de Mayo,

pero la indecisión también habla,

y en ella hay una negación

que me atraviesa.

Vivir en la duplicidad

es fragmentar aquello que en mí

siempre buscó integridad.

 

Y ya no acepto mitades,

no acepto sombras,

no acepto ser intervalo

en tu vida.

 

Si tú no decides,

Flor de Mayo,

yo decido.

Y mi decisión

es la distancia.

 

No como huida,

sino como regreso;

no como debilidad,

sino como un gesto de dignidad.

 

Me alejo de ti, Flor de Mayo,

no por falta de amor,

sino porque el amor, así,

me hiere más de lo que me sostiene.

Porque hay despedidas

que no son un final,

sino un reencuentro con una misma.

 

Y, quizá,

solo al dejar de amarte de cerca,

Flor de Mayo,

logre, por fin,

permanecer entera.

Tatiana Pereira Tonet
Enviado por Tatiana Pereira Tonet em 30/03/2026
Alterado em 30/03/2026
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